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Buenos días

02 Oct '15 - 11:09 | §

Me despierto y no te encuentro en la cama y aunque en un principio me sobresalto, escucho el ruido del agua de la ducha, que salpica el suelo y por extensión todo tu cuerpo. Somos animales de distintas costumbres, a ti te gusta ducharte por la mañana a mí por la noche apenas coincidimos y lo peor es que mirando el reloj me doy cuenta que llego tarde.

Voy a la cocina y enciendo la cafetera para que cuando salgas de la ducha ya tengas tu primer café, dejo dos tostadas preparadas pero aún no hechas y tu ipad sobre la mesa, para cuando te sientes puedas revisar esas tiendas online que siempre te gusta ver, pero rápido voy al baño, la madre naturaleza no entiende de romanticismos y la vejiga llena necesita su espacio de tiempo.

En el baño, cuando abro la puerta, es como una de esas noches húmedas de Londres, donde apenas puedes ver más allá de tu nariz. Todo el vapor el agua tan caliente como te gusta está flotando en armonía en toda la estancia, tu dentro de la ducha, imagino, porque no te veo y tu figura sólo se insinúa por el cristal. Así que doy rienda suelta a la naturaleza mientras tu me gritas un buenos días. Yo respondo con un masculino gruñido, de esos que lo dicen todo, pero no dicen nada y que un traductor universal interpretaría como un “buenos días cariño”.

Abres la puerta de la ducha para ver si estoy vivo y ante tu sonrisa me lanzas la mano mojada para salpicarme la espalda. Ahí doy un respingo y tu risa cierra la puerta, mientras mi mente planifica la forma de venganza, así que voy al lavamanos y abro el grifo del agua caliente con esa sonrisa de autosatisfacción que me recuerda que el piso es viejo y que ahora por la ducha debe estar saliendo agua helada. Un grito con palabras para mi familia no del todo muy bonitas, salen desde dentro de la ducha. Abres la puerta y con más agua ahora ya no me salpicas, oficialmente me mojas y corriendo vuelves detrás de tus trincheras.

Tú lo has querido, esto acabará aquí y ahora, abro la puerta de la ducha y ante tu sorpresa me meto dentro. Te ríes mientras me mojas todo el cuerpo, así que te arrincono contra la pared (es fácil, en la ducha apenas cabemos) y tu cuerpo húmedo pegado contra el mío palpitan por el juego. Sin perder aliento te beso, te devoro la boca con pasión y lujuria, mientras recorro tu cuerpo con mis manos de forma brusca y salvaje. Sé que te estás quejando, pero este es mi momento de venganza, donde voy a poseerte, cada recodo de tu cuerpo que es mio, como yo soy tuyo.

Mi excitación se vuelve más clara y tus gritos simulados de protesta, se transforman en besos igual de fuertes, cuando tus manos hacen estragos sobre mi cuerpo, sabiendo donde tocar para volverme aún más animal, porque esta ducha ha cambiado de argumento y el agua es sólo la excusa para amarnos en los extremos de los límites. El reloj detienen su avance en cada uno de nuestros besos y cuanto más nos tocamos, menos resbala el agua y cuanto más nos sentimos, la habitación se vuelve más caliente.

Me alejo un poco de ti y te sonrío. Me miras desorientada, entre la perdida de mis labios y el significado de la malicia de mi sonrisa, aún intentas procesar la razón de mi huida, cuando no has visto como una de mis manos se ha ido al mando del agua fría, que ahora estoy girando para que salga libre por la ducha. Agua fría es corto, porque en pleno invierno como en el que estamos sale helada y tu grito se funde con el mio mientras duele el agua sobre nuestra piel y me gritas e intentas huir, pero te tengo aprisionada y ambos casi congelados. Cuando tus manos se vuelven violentas y tu gritos de sorpresa en blasfemias de risa es cuando cierro el grifo de la fría y la caliente vuelve a surcar nuestra piel sin rumbo ni camino.

Con la maldad de la sonrisa, te beso para jugar con tu lengua. Nuestros cuerpos frío s por el agua pronto estarán ardiendo como lava, pues en mi mente sólo pienso en hacerte el amor y por cómo te has enroscado a mi cuerpo, tu pensamiento es el mismo. “Buenos días, cariño”.

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Un día

01 Oct '15 - 14:05 | §

PARTE I

Hoy es uno de esos días grises en que todo se ha liado en el trabajo. Sales con el humor torcido y aún cuando llegas al coche estás dándole vueltas a la cabeza de lo que ha sucedido. Sigues medio enfadada y desconcertada y lanzas tu bolso al asiento de atrás, un soplido en tus labios intenta alejar el estrés, pero las primeras gotas en el parabrisas te hace lanzar unas palabras que no son dignas de una señorita.

Consigues salir del aparcamiento y cuando enfilas el camino, te paras. El tráfico. Maldito tráfico a esta hora. El blanco de tus nudillos se acrecienta agarrando el volante y a modo de venganza elevas el volumen de la música del coche, no las escuchas pero al menos no de dejar ver los pensamientos que hay en tu mente. Entre tanto ruido suena tu teléfono, un mensaje. Soy yo.

Respondes rápido, con la agilidad de la experiencia de nuestras comunicaciones y vuelves a dejar el teléfono en el bolso, para volver a sonar justo en ese momento. Así que tu mano vuelve a recogerlo y media sonrisa se tercia en tus labios. La lluvia se intensifica y avanzas a golpe de rueda, pero ahora los ecos del trabajo se van despejando y otra de mis frases te hace sonreír. Respondes ágil, pero metes el móvil en la entrepierna, porque sabes que no voy a tardar en contestar.

Tampoco es que vayas muy lejos, pero llevas más de media hora hablando conmigo a mensajes y la batería comienza a palidecer. Ya no te importa estar atrapada en el coche, porque en la distancia estoy yo contigo. Así que alejas el teléfono y sonríes de forma casual y sacas una foto, tal como seguramente te habré pedido. Sabes lo mucho que me va a gustar, así que tomas un par más con diferentes caras y me las mandas seguidas.

El teléfono suena y suena, ya casi no permanece apagado y mientras conduces a cinco kilómetros por hora, vamos riendo y hablando. Tu salida es la próxima, aceleras y a dos calles está tu café, ese que con tanta necesidad esperas. Tu vicio de cada tarde tu tranquilidad de todos los días. Me mandas un mensaje diciendo que espere, que vas a entrar al bar y que en un momento volverás conmigo. Nos despedimos rápido, los típicos besos electrónicos, la carita sonriente y la promesa de volver a estar juntos.

Entras en el establecimiento y sonríes, te diriges a la mesa y con suspiro dejas caer bolso y abrigo, la lluvia ha empapado tu chaqueta y apacguado el fuego de tu pelo. Sonríes cuando ves el café delante de ti, humeante y caliente, ese olor intenso. Alzas los ojos y te encuentras con mis palabras: “Llegas tarde, me haces sufrir echándote de menos”. Te inclinas un poco y me besas en los labios, ya no hay café, ni bar, ni lluvia, ni coche, ni tráfico, ni estrés, ni tiempo, solos tu y yo, fundidos en nuestro beso.

PARTE II

Después de hablar un buen rato, de más risas, el café ya se ha terminado. Entre risas y cosas series hemos contado nuestro día y los planes. Algún que otro recordatorio. Mi mano siempre en tu muslo, para sentirte bien cerca y los ojos clavados en tus pupilas, mirándote toda el alma. Estando tan cerca, los besos castos van y vuelan, pero en el bar la gente está centrada en tus charlas y nosotros ajenos, estamos en nuestro mundo.

Hay uno de los botones de tu blusa que lleva un buen rato indecorosamente abierto, ha sido cuando has ido al baño, de regreso ese botón se ha liberado, no sé si por propia voluntad o por tu propia manipulación. Ya son varias veces que mis ojos se han colado entre tu tela, para rozar con mis pupilas la suavidad de tu piel, ha sido dos o cuatro o veinte aventuras, me has cazado en alguna y has sonreído pícara. Así con voz infantil me has preguntado si me gustaba lo que veía y te he devuelto en un susurro en tu oído, lo mucho que te deseo.

Has puesto tu mano sobre la mía, que no se mueve de tu muslo y la has subido un poco más arriba, hasta rozar la unión de tu pantalón, donde has apretado con fuerza, cerrando los ojos y abriendo los míos por la sorpresa. “Te voy a dar un regalo” me dices y de tu bolsa sacas un pedazo de ropa que me das en la otra mano. Por la suavidad y la blonda, son las mismas braguitas que llevabas esta mañana y ahora me entregas como fetiche y cuando ves mi reacción vuelves a susúrrame que quieres hacerme el amor.

Salimos a buscar el coche, ha oscurecido a noche cerrada, es lo que tiene e otoño, los día se hacen tremendamente cortos y la lluvia torrencial nos recuerda que no llevamos paraguas, pero me besas tan ardiente que casi hago evaporar el agua de mi cuerpo. A la carrera llegamos al coche, abres y entre risas de empapados vuelves a besarme. Hay fuego en tu mirada y tu labios entre abiertos no dejan de enamorarme, no hay forma que en la que no quiera besarte.

Reclinas tu asiento y con velocidad te bajas los pantalones, te pasas a mi asiento y te sientas sobre mí. Con la mano buscas el cierre de los míos y te deslizas en mi interior hasta extraer la erección que tu me has provocado. Friccionas un poco, con una de tus muchas manos has conseguido hacer al mismo tiempo que mi asiento también se recline y prácticamente te tengo sobre mi pecho, formamos casi una persona y con delicadezas me conduces a la entrada de nuestro deseo. Ahí, cuando está embocado, desciendes y me obligas a entrar en tu interior, eres la araña y yo tu comida que apenas puede hacer nada. Porque eres tu que golpe de movimiento de tus caderas nos haces el amor.

Fuera, la lluvia intensa sigue, la oscuridad es casi noche y el coche con los cristales empañados de nuestro aliento y un ligero movimiento constante, apenas se distingue nada. Pero dentro, estamos tu y yo, como adolescentes haciendo el amor en el coche, en una pasión desbocada como cada uno de nuestros encuentros

PARTE III

Llevas un rato echada en el sofá y el sueño se ha apoderado de todo tu cuerpo, no es profundo, pero ya te has relajado por completo. Ese sofá hace estragos en tu cuerpo, lo trata de tal forma que me siento celoso y aunque en la televisión la película que estábamos viendo ya la he visto mil veces, no puedo dejar de mirarte, sobre el sofá, dormida.

Tienes el cuerpo ligeramente inclinado hacia afuera, la piernas recogidas, con los dedos de los pies bajo mi muslo. Los brazos recogidos en tu regazo y la cabeza apoyada en un cojín. El pelo, suelo cae en cascada sobre parte de tu cara, como queriendo protegerte de la tenue luz de la habitación, el resto alborotado sobre el cojín. Tu respiración es acompasada, fluidamente lenta de un cuerpo dormido.

Los rasgos de tu cara están relajados, reconozco cada curva que hay en ellos, cada señal que me encanta, la forma de tu coqueta nariz y los labios que tantos besos he dejado, los párpados cerrados no me dejan ver el color de tus pupilas, pero frenéticas bajo ellas está el sueño rozando tu conciencia. Aún llevas el pantalón de calle y la camiseta de punto ancha que deja entrever para de tu hombro. La tentación se aprovecha de mi.

Apago la televisión y me levanto, te contemplo y no puedo creer que seas mia, por entera y que hoy en esta aburrida película has sucumbido como muchas veces te he visto hacer y cada una de ellas una sensación de dulzura se apodera de mi. Dejo un leve beso en la comisura de tus labios, mientras te aparto un poco el pelo. Te alzo en brazos, eres ligera en mi pecho y camino hacia nuestra habitación, para dejarte suavemente sobre las sábanas.

Mil veces te he desnudado y mis manos han volado sobre tu cuerpo para arrancarte los placeres, pero ahora te desnudo con calma y delicadeza, fuera pantalón y calcetines, fuera ropa interior. La camiseta es más complicada y casi despiertas en la operación, pero ya sin sujetador, suspiro por un momento por tenerte completamente desnuda a mis deseos. Deslizo uno de mis boxers entre tus piernas y tu camiseta de dormir que antaño era mía y ahora te la has apropiado.

Sigues dormida, no te has dado cuenta de lo que ha pasado, me desnudo y me acuesto a tu lado. Estiro el brazo para apagar la poca luz de la habitación y de forma automática te giras hacia mí. Tu pierna sobre la mía, tu vientre pegado en mi costado, tu mano abrazando mi esternón y tu cabeza en su almohada natural que es mi pecho. En esa posición continúas durmiendo. Mañana tú no te acordarás de nada y pero la sonrisa que yo tengo ahora, la disfrutaré siempre.

PARTE IV

Suena tu teléfono, es el despertador de cada mañana. Hoy no es distinto de cualquier otro día laboral. Como puedes, alargas el brazo e intentas silenciarlo, pero en mi abrazo apenas puedes moverte. Serpenteas tu cuerpo para deslizarte un poco fuerza de mi cuerpo y alcanzas justos en el momento en que vuelvo a atraerte hacia mí, con un gruñido matutino te apretó más a mi pecho.

El calor de tu cuerpo desnudo contra el mío me hace despertar una sonrisa, igual que la tuya que no puedo ver, pero que imagino que tienes al sentirte presa de mi abrazo. Esos cinco minutos más antes de despertar, es el placer de estirar un poco más el sueño y sentirte que ahora eres real. Nos hacemos los dormidos, pero nuestras manos se entelazan mimosas y poco a poco te vas girando, hasta que nuestros párpados cerrados se encuentran frente a frente. Abro lo ojos, como puedo y te encuentro dormida frente a mí. Cierro los ojos y si os hubiese mantenido abiertos, hubiese visto abrir los tuyos buscando los míos.

Mis manos recorren tu espalda, de arriba abajo en señal de caricia, ahora si veo tu sonrisa y tus pupilas, un ben día silencioso, mientras un gemido entre felino y protesta hacen contonearse tu cuerpo rozando más el mío. Nuestra respiración comienza a crecer, igual que los besos, que son ligero y mañaneros, pero va ganando intensidad cada vez un nuevo deseo se despierta. Uno en la mejilla, otro en la punta de tu nariz, el siguiente en los labios y otro en tu fetchista frente. Un beso en la barbilla y otro en el párpado. No hay orden para ir despertando, pero si mucha delicadeza y ternura.

Tus piernas se entrelazan con las mías y juegas a caricias con tus pies, siento tu pecho clavado al mío, cada vez que inspiras te acercas a mi placer, cada vez que expiras no sé cómo decirte lo mucho que te echo de menos. Sin saber cómo me has puesto boca arriba, tu cuerpo sobre el mío, tu instinto de juego se ha despertado y lo que al principio parecía un tierno despertar se está convirtiendo en algo mucho más salvaje. Obviamente me dejo llevar, porque tus besos van quemando mi piel, en marcas eternas que luego me aseguraré de renovar.

Allí, bajo las sábanas, nos despertamos en cuerpo y alma, dejando que ambos hablaran con sus palabras, donde miles de sensaciones llenaron nuestros cuerpos. Lo que el despertador no consiguió lo hizo nuestro deseo. Hoy mil besos tuyos me acompañarán allí donde vaya y el aroma de tu cuerpo me vestirá de las escenas que hemos compartido. Bajo las sábanas de esta mañana, de un día cualquiera, en lo que nosotros llamamos amor.

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Despertar

22 Sep '15 - 08:50 | §

Despierto, lentamente. Apenas soy consciente veo como el sol se filtra por la persiana. La oscuridad de la habitación hace contraste con el sueño de mi pijama, porque aunque el despertador haya sonado, mi cuerpo se niega a salir de la cama. Una vuelta más me recuerda el calor del sueño que he tenido y una leve sonrisa del recuerdo, me llena el corazón.

El suelo está frío y lo siento subir por cada nervio de mi cuerpo, un tremendo latigazo de que el verano hace tiempo que se fue y ahora estamos en las puertas del invierno. Una desperezo aquí, un bostezo allá, el sueño es ese lastre que me recuerda que ayer fui a dormir tarde. Mi cuerpo ya no es joven y no es capaz de recuperarse con la misma velocidad.

Allí llegan de forma ordenada los dolores del exceso, el dolor de cabeza de la bebida, el latigazo de la espalda del esfuerzo, el crónico dolor de rodilla y varios moratones nuevos que no recuerdo habérmelos dados. La edad se ha levantado conmigo y me está obligando a despertar. Hay cuatro arañazos nuevos en mi pecho y en el reflejo del espejo unas marcas de dientes en mi hombro. Mal, estoy mal, no tengo conciencia de nada de eso.

Agua fresca en la cara, pero el sueño continúa recorriendo mi cuerpo y un rugido del estómago me avisa del infinito vacío. En la cocina sólo hay café de hace unos días, una triste pasta que parece dura y mordida. Mejor preparo café nuevo, saco dos tazas y espero a que acabe de hervir. Escucho los pasos a lo lejos y los recuerdos comienzan a llegar en procesión.

Ahí está la cena de la noche, ese vino que ahora es tormento. La pasión en el ascensor, la ropa en el pasillo y el sofá, el exceso de sudor en las sábanas de la cama. Recuerdo cada recodo de un cuerpo ajeno, como besé cada centímetro de ese cuerpo, como lo hice mío con mis propias manos. Imágenes de momentos que es mejor no repetir con palabras, la razón de la mordida y esas marcas en mi pecho y como el clímax se repitió varias veces. Ahora con sonrisa lasciva en los labios, olfateo el café que ya ha acabado.

Esta noche hemos dormido juntos, como lo hacemos todas las noches desde que nos conocemos y cada noche es como la primera vez, un intenso amor que nunca se acaba y siempre rebosante nos llena enteros. En el marco de la puerta estás tú, con el pelo fuego alborotado, el sueño en los restos del maquillaje de tus ojos y tu cuerpo desnudo se esconde del frío en una de mis camisetas grandes. Estás arrebatadora esta mañana y sin espera y con sonrisa lobuna te incito: “Esa camiseta es mía, quítatela” ...porque tu cuerpo desnudo, ahora volverá a ser mío.

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Me preguntas si te amo

21 Sep '15 - 08:28 | §

¿Me preguntas si te amo? Dices mientras mi cuerpo vibra al verte, mientras mi corazón se acelera y la sangre calienta cada uno de mis recodos. Todo mi cuerpo te llama entre mis brazos, para escribirte con caricias, besos y suspiros el amor que tanto te tengo.

Decirte que te amo, es escribir palabras en la orillas del mar, por muy intensas que sean las palabras siempre se acaban perdiendo entre los vaivenes de la vida. Lo que no desaparece es el sentimiento, ese nunca desaparece y día tras días aumenta sin descanso, tanto si estás lejos o cerca, con raíces fuertes y constante energía, te sigo amando por encima de todo razonamiento.

El tiempo de un beso, rápido, sencillo, veloz, intrépido, instantáneo. Sobre tus labios los míos y sobre la ternura de tu carne el amor que yo te tengo. El tiempo de un beso puede ser la eternidad en el recuerdo, pero cada vez que nuestros labios colisionan con dulzura y con pasión una marca a fuego se graba en mi corazón, pues en ese beso está escrita el alma y el cuerpo y cada instante que deseo morir junto a ti, de amor y de placer.

Así que mírame y hazlo intensamente, como si el mañana fuese el ayer y hoy solos en el mundo estamos. Nuestro propio mundo ajeno a terceros, donde sólo nuestros ojos se comunican secretos y misterios, donde nuestros labios se susurran pasiones y los dedos vuelan por piel ajena, porque yo soy tuyo por entero, desde el alma sumisa a tus caprichos y mi cuerpo esclavo de tus goces.

No se ha escrito ni vivido en el mundo entero, amor más intenso que el nuestro. Donde dos extraños fuimos poco a poco conociéndose y el destino ha unido lentamente. Aunque te conozco desde hace miles de años, hoy amarte será todo un descubrimiento. Tal vez el principio de un beso o un sencillo suspiro entre la multitud, pero amarte significa ser uno mismo ofreciéndote lo mejor de mí, así deseo la eternidad contigo.

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Corre!

31 Ago '15 - 09:18 | §

“¡Corre!” gritabas entre risas, mientras corrías dirección a casa. El sol de la mañana se había convertido en un gris taciturno. Mientras que sin darnos cuenta el tiempo volaba como siempre cuando estamos juntos y nos divertimos. Hoy era uno de esos días de calma y tranquilidad en el que nos habíamos aventurado a seguir conociendo nuestros caprichos.

“¡Corre!” ahora era yo el que te había adelantado y con fuerza y muchas risas te instaba a seguir. El paseo nos había alejado de la civilización y nuestras palabras de viejas historias de nuestros pasados nos iban acercando más a nuestro presenten, porque aunque los años nos pasan juntos, aún hay mucho por descubrir del otro. Pequeños tesoros que en confidencias y e entre risas, vamos mostrando en sinceridad.

Te cogía de la mano mientras corríamos a ritmos desiguales, con un ojo hacia delante y el otro ojo puesto en ti. El gris de las nubes comenzó a ocultar el sol y sin darnos cuentas, el silencio que nos rodeaba se convirtió en pequeñas explosiones que anunciaban tormenta. Pero ajenos al entorno tú y yo caminábamos por la sinceridad de nuestro amor.

Llegamos a un breve refugio, me tiré de espaldas contra la pared y tu directa a mi pecho, te abracé para mantenerte en calor y con risas nos besamos. Un beso rápido, porque de nuevo estábamos corriendo. Las primeras gotas nos cogieron en un claro del camino y fue cuando nos dimos cuenta de lo mucho que nos habíamos alejado y lo pronto que acabaríamos empapados.

Las llaves no acababan de encajar, ese fue el momento que aproveché, desde atrás besarte el cuello y apretar mi cuerpo con el tuyo. Nuestras ropas empapadas por la lluvia torrencial y nuestros cuerpos ardiendo, de la carrera y del deseo. La puerta se abrió con más risas y sobre el suelo caímos para amarnos. La ropa duró lo largo de un beso y nuestros cuerpos ardiendo evaporaban las gotas de lluvía.

“¡Corre!” me dijiste entre risas cuando la lluvia comenzó a caer.

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Te echo tanto de menos

26 Ago '15 - 13:35 | §

Te echo tanto de menos, que pensando en ti me olvido respirar, debo alentar mi corazón para que deje de pensar en ti y se concentre en esta bestia que soy yo, para que mi cuerpo reaccione ante el mundo que ahora que tú no estás cerca de mí, se apetece sin aromas ni colores.

Te echo tanto de menos, que me hablan y con la mirada traspaso su cuerpo y nos veo cogidos de la mano, juntos caminando, con algún beso fugaz y una sonrisa en los labios, hasta que me preguntan alguna cosa y de nuevo en la realidad suelto un suspiro con cada una de las letras de tu nombre

Te echo tanto de menos, que cuando camino y miro mis pasos descubro en ellos el camino hacia ti, porque sé que el amor que me guía es el único faro que obedezco. No hay mayor fuerza que el imán de tu presencia, que aunque ahora echo tanto de menos voy acortando la distancia.

Te echo tanto de menos, que aquí sentado, escribiendo estos sentimientos me siento feliz porque me amas y me deseas, porque en el mundo existe una mujer que me llena por completo y hace que la vida sea el vestir de cada día. Sin ti, el sentido sería aburrido y los momentos un forzoso trabajo, así que echarte de menos sólo me da fuerzas para acortar el tiempo y volver a encontrarte.

Te echo tanto de menos, que como cuando hoy luce el sol, te imagino girando sobre ti misma, riendo a pulmón, feliz porque no hay nubes en el cielo y llena de energía tu pelo flota en círculos, como el vestido que pegado a tu piel ahora vuela con alegría.

Te echo tanto de menos, que si tuviera que explicarte como te echo de menos acabaría todas las palabras del diccionario, tendría que inventar de nuevas para demostrar que lo que siento es mil veces más de lo que dicen las palabras, porque la intensidad de este amor, sólo se transmite con cada uno de los cinco sentidos.

Así, poco a poco te echo de menos, pero sonrío, porque la verdad es que te tengo conmigo, en mi mente, en mi cuerpo, en los bolsillos, en el corazón, recorriendo mi piel de arriba abajo, en cada gesto hay una impronta de un momento compartido que me hace feliz sabiendo que gracias a la vida, tú estás en la mía.

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Eres sirena

17 Ago '15 - 14:25 | §

Hace sol y el sonido de las gaviotas eclipsa las pocas nubes que perezosas se mueven por el cielo. La brisa trae el aroma del mar, que sobre tu piel queda atrapado, hueles a salvaje mar, a cada una de sus olas que en lenta y constante llamada, producen el eco de tu respiración. Eres música en la playa.

Allí, a varios metros de la espuma estás descalza sobre la arena, que no quema, pero si calienta esos besos que dejé en tu pies. Pasos que avanzan contra la brisa, que agita tus cabellos fuego, como bandera de advertencia para quien se acerque, pues ya te has rendido a mi e igual como yo te pertenezco a ti, tú eres mía por voluntad propia. Eres venus frente al mundo.

La frescura del agua comienza a subir por tu piel, el cambio de temperatura eriza las caricias allí donde momentos antes nos hemos amado y sin defensa van cayendo borradas por las olas, que incesantes intentan salpicar mi marcas en tu cuerpo, pero no te preocupes, tengo muchos más mimos para escribir tiernas palabras en tu cuerpo. Eres diosa enfrentada al agua.

El agua sobrepasa tus rodillas, llegando a tus suaves muslos, la respiración cortada por el doloroso frío del agua, como hace un momento, cuando cogías aliento mientras hacíamos el amor. Sonríes y el pensamiento comienza a calentar tu cuerpo, allí donde tu sudor se ha fundido con el mío. Eres el aliento que necesito.

Te sumerges al grito más valiente. Allí estás tú, una cabezita por encima del agua, toda coqueta con tus gafas de sol y su pamela, braceando mar a dentro, con un punto fijo en la mirada y una sonrisa traviesa surcando las olas. Mil colores recrean tu cuerpo, el agua y el sol juegan con tu figura bajo el agua. Eres sirena en el agua.

A menos de un metro de mí, te pones en vertical y con tus largas piernas rodeas mi cuerpo, te acoplas a mí como si fuésemos imanes de polos opuestos, donde la fuerza de atracción es brutal y no existe forma de separación. Sin darme cuenta, me siento rodeado por tus brazos y tus piernas, tu respiración pegada a mi cuerpo y tu sonrisa se transforma en un beso. Un beso de esos dulces de sal.

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